Amor a destiempo (el caso de Benjamin Buttom)

06Feb09

El desencuentro amoroso se halla entre sus objetos de observación predilectos. No es el amor no correspondido, ejercicio inconducente, lo que captura la atención de Fitzgerald, sino el amor recíproco a destiempo, fuente de inagotables suspiros. Dos personajes jóvenes, envueltos todavía en un halo virginal que les oculta el peso del tiempo, viven el inicio de un amor prometedor, que no pueden continuar a causa de ciertas interposiciones. El desarrollo de sus vidas los reúne nuevamente, luego de un tiempo, habilitando un período efímero en el cual todo el encanto inhibido y los sueños de esa pasión, resuenan amplificados bajo el contraste de sus ataduras actuales. No ocurrió antes, no podrá continuar, pero en esa ventana de tiempo se aman con locura extenuante.

Fitzgerald recrea estos estados magníficamente, capturando el descenso de los personajes en una traición siempre voluptuosa, frágil, que se consuma bajo la expectativa de un nuevo inicio, de un borrón exigido para ordenar una traición previa, traición del personaje a sí mismo, a la vida que se extingue en él, al amor.

Entre copas de champagne, Daisy Buchanan mantiene breves conversaciones con Jay Gatsby a espaldas de una fiesta premeditada para pergeñar esos encuentros. Pasean en auto por la costa, conversan ocultos en una reunión de té a la cual no asisten otros invitados. Kathleen Moore también acompaña a Monroe Stahr en largos paseos, revuelve sus estrictos horarios, le ofrece la dulzura de su cuello abierto y de sus piernas, en una construcción todavía herrumbrosa que imaginan como un nuevo hogar. David Plant y Nancy Gifford se arriman para detectar detalles de fotos de la infancia, mientras se preguntan “¿no sería espantoso si nos volviéramos a enamorar?”. Primero con prudencia, luego ocultándose, nunca completamente desaforadas, ellas se entregan a los hombres del pasado. Sólo a veces estos hombres provienen del pasado, pero en todos los casos lo excluyen terminantemente. Para amar a Gatsby, Daisy debe romper con Tom Buchanan. Kathleen tendrá que cancelar su inminente casamiento con otro esforzado americano, y  algo similar ocurre con  Nancy Gifford.

Pero a pesar del brío con que crean amarse, este breve período revela siempre su impronta imposible. Los reencuentros amorosos nunca abastecen a los personajes de las provisiones debidas para reconducir el futuro a partir del desvío. Ya es demasiado tarde. Cuando todo parecía posible, a un paso de volverse real, público, un nuevo obstáculo irrisorio pierde a los amantes para siempre. Interceptados por el amor durante unos meses, unos días, unas horas, a veces ni siquiera eso, la ventana vuelve a cerrarse y el lugar que habitaban juntos ya no existe, se esfumó, acabado.

La incapacidad de ampliar el campo de esa pasión la condena a no ser sino el efecto de una debilidad. Debilidad que Fitzgerald deposita en la mujer. Aquello que las vuelve vulnerables puede ser el descuido de un marido poco galante, la postergación de la vuelta de un viaje, o un embarazo a partir del cual una mujer hermosa como Stella Calman, temiendo que ha perdido su sensualidad, decide ponerla a prueba. Aceptado el engaño como desliz, el error se resuelve con una cuota de perdón y otra de olvido, y se cierra definitivamente el sueño de un amor que sólo sobrevive bajo condiciones extremadamente duras.

Las interposiciones que impiden que los amantes desplieguen plenamente su propósito, en Fitzgerald, suelen ser de carácter social. La peculiaridad de El extraño caso de Benjamin Buttom, en este cuadro, reside en que allí la interposición es obra de la naturaleza. Como consecuencia del ciclo vital invertido de Benjamin, quien nace viejo y muere joven, el amor entre él y Hildegarde Moncrief está acotado a un breve período. Esta historia, que podría prestarse a todo tipo de perversiones, se aleja del esquema planteado en otros escritos en un aspecto esencial. También aquí Fitzgerald describe un caso de amor a destiempo, y comienza a desplegar su agudeza para detectar las emociones y pensamientos que lo recubren. La traición, elidida en este caso, no es ético-social, engañar al marido, sino ético-natural, encamarse con un niño. El único rastro explícito de esta perversión palpita en la insólita pareja que conforman una mujer madura como Hildegarde con un jovencito, a los ojos de la aristocracia de Baltimore, y el deseo un tanto indecoroso pero público del hombre maduro por las niñas debutantes en los bailes.

Que David Fincher tergiverse el encuentro entre Benjamin e Hildegarde para ubicarlo en su niñez, instala la historia a contrapelo del canon, y  acentúa el destiempo de ese amor. Aquellos que rescaten otras películas de Fincher van a aceptar también ésta. Siendo éste un núcleo maestro de Fitzgerald, camuflado todavía en esta obra temprana, es una pena que se haya elegido para el papel de Benjamin a Brad Pitt, un actor que no trabaja la emotividad de los personajes. Un actor, en definitiva, al que no se lo puede presentar ni enamorado, ni tampoco simulando los sentimientos de un perverso. La historia se pierde un poco en las andanzas del personaje, sus aventuras. Cuando se desdibuja esa constelación de afectos, sólo queda la curiosidad del caso, un niño que fuma habanos con su abuelo, un viejo que sucumbe a la tentación de colorear un dibujo para niños.

 

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One Response to “Amor a destiempo (el caso de Benjamin Buttom)”

  1. Otro tema en esta película es el de la irreversibilidad e inexorabilidad del tiempo. Las flechas inversas que sólo se encuentran por la mitad no se pueden ni invertir ni detener. He ahí una de las tragedias explícitas de la película.
    A mí me sugiere otra acerca de lo mismo. La imposibilidad de invertir el tiempo, siempre que arruino un posible buen libro viendo una adaptación pésima.

    ¡Qué embole de película!
    ¡Qué actor horrible Bradd Pitt!
    Y, para concluir, ¡¿Por qué Pitt de joven tiene las mismas cejas que Colin Farrell?!


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