Blue note y las gordas

19Oct09

Como buen humilde cronista encontré que Sam Barsh tocaba a media noche en Blue Note por 8 dólares. Una cerveza (7) y una mesa preferencial en frente del piano, gratis. Sólo una mesa vacía mediaba entre el pianista, baterista y bajista, y yo. Sam tocaba con el Avishai Cohen trio. Ahora para no perder la costumbre tiene un bajista y un baterista que se apellidan Cohen. El bajista tenía cara de boludo y encima se parecía a un amigo de la infancia que se hacía el canchero. Sin embargo lo superé, y logre disfrutar los primeros temas. R&B y ansias de que el hip hop se filtre en un piano mecánico combinado con otro eléctrico. Empezaron a caer las gordas. Llenaron las mesas alrededor y empezaron a cotorrear. Una mesa muy al lado del pianista discutía que trago iba a tomar, entonces Sam en un silencio de su intro les pidió que hagan silencio. En la siguiente canción la mesa que mediaba entre el escenario y yo se llenó con 4 gordos que todo lo que ocurría lo registraban con sus cámaras, con flash. Promediando la 5ta canción, entusiasmado hice una pausa y salí a fumar un pucho. En la entrada había una docena de gordas gritando organizando una entrada masiva al recital. Tenían todo listo, 8 pagaban y 4 se colaban. Me preguntaron como estaba el show. Fine, les dije. Fun, me entendieron. No puede ser tan grave la confusión, pensé. Se apretujaron para entrar a tal punto que me costó volver entrar a mí. Sam hizo una introducción hablada y amable a una improvisación, y dijo que dependía de la onda del público. Recién empezaba a jugar con una serie de escalas, y una de las gordas que estaba en la entrada se le paró al lado del piano. Es una amiga, van a tocar a 4 manos, pensé. La gorda se fue caminando. Sam paró la música y dijo: “perdón, pero es increible lo que me acaba de pasar. Una persona recién me acaba de pedir que toque Mack the knife, brindo por eso, porque no se dió cuenta de que estaba en el medio de una canción.” Mientras lo decía la gorda miraba al piso y apuraba su paso hacia el baño. No se por quién sentí tanta vergüenza, pero me tuve que ir. Me fui y las gordas seguían cotorreando… Sam tocaba su canción una vez más.

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